

Una colina y ocho toboganes metálicos de cinco o seis metros clavados en la ladera, cada uno con su pendiente: los suaves para los que estrenan, los cerrados en tubo para los que quieren velocidad. 🛝 Se sube por las escaleras de al lado y se vuelve a bajar en veinte segundos, sin colas y sin pagar nada.
Abajo la arena frena la llegada, y hay bancos y escalones alrededor para verlo todo desde la sombra. Es de esos sitios en los que los padres acaban tirándose también, y en los que la tarde se va sin darse cuenta. Al lado quedan los chorros de agua y un quiosco de helados, así que el plan se encadena solo. 🍦

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