

Desde 1720, en un edificio neomudéjar junto a Atocha, se siguen tejiendo tapices y alfombras a mano exactamente igual que hace tres siglos. No es una recreación ni un museo: es una fábrica en marcha. 🧶
La visita entra directamente al taller. Se ve a los artesanos trabajando en telares de madera enormes, cómo se tiñen las lanas, cómo se restaura hilo a hilo una pieza rota y el tiempo real que lleva cada centímetro. Están también los cartones de Goya que acabaron convertidos en tapices para los palacios reales.
Es una visita corta, muy manual, de las que dejan claro por qué algo hecho a mano cuesta lo que cuesta. Un oficio vivo, no una vitrina.

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