
Una arena a oscuras, chalecos que se encienden, y doce personas repartidas en dos equipos con una sola idea en la cabeza: no dejarse alcanzar. 🔫
La sesión son dos partidas seguidas, y ahí está la gracia — en la primera todo el mundo corre como un pollo, y en la segunda ya hay estrategia, alguien cubriendo un pasillo y alguien flanqueando por detrás. El marcador final se proyecta con los puntos de cada jugador, que es donde empiezan de verdad los piques.
El equipo del sitio explica las reglas y el manejo antes de entrar, con lo cual nadie se queda fuera por no haber jugado nunca. Se sale sudando y hablando a gritos, que es la señal de que ha salido bien.

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