

La nave es media visita: la antigua estación de Delicias, inaugurada en 1880, con su esqueleto de hierro y su techo de cristal, y dentro las locomotoras aparcadas en las vías como si fueran a salir. 🚂 Se pasea entre máquinas de vapor enormes, coches de madera y automotores eléctricos, y en varias se sube por una escalerilla lateral para asomarse a la cabina o al interior de los vagones.
Para los peques el imán no son las locomotoras: es la maqueta gigante, un paisaje entero de vías con trenes que arrancan y cruzan puentes. Hay además piezas táctiles, señales, relojes y hasta un tren de jardín que rueda en la explanada de atrás. Y el segundo fin de semana de cada mes la nave se transforma en el Mercado de Motores, con puestos y música entre los trenes.
Truco de local: la nave de hierro y cristal se mantiene fresca cuando la ciudad está ardiendo. 🧊

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