

Un museo donde te dicen que sí puedes tocar, subirte y hacer el tonto delante de todo. La habitación al revés te deja colgando del techo en la foto, la sala del vórtice te descoloca al andar por un túnel que gira, y el caleidoscopio te multiplica por cincuenta. 🌀
Son salas pequeñas, una detrás de otra, cada una con su truco: espirales que parecen moverse, mesas que rompen la perspectiva, un mural del Quijote cuyos ojos te siguen por la sala. Cada montaje tiene su cartel explicando por qué el cerebro se deja engañar, que es la mitad de la gracia.
Está en pleno centro, a un paso de la plaza de Tirso de Molina, y se recorre del tirón sin que dé tiempo a aburrirse.

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