

Aquí la ciencia se toca. El MuNCyT es de esos museos en los que nadie dice «no toques»: los peques bajan a la zona de experimentos y se pasan la tarde jugando con electricidad, imanes y cantidad de movimiento sin enterarse de que están aprendiendo física.
Entre las vitrinas hay joyas de verdad: coches de principios del siglo XX, motos de carreras, un velocípedo, cachivaches de toda una época y una tabla periódica gigante, ¡Vaya elementos!, que engancha hasta a los adultos.
La guinda es el planetario. Las sesiones las conducen astrónomos que explican el cielo con tanta claridad que hasta un niño de cuatro años sale fascinado. Y en el jardín espera un dinosaurio a tamaño real para la foto obligatoria. 🦕
Si vais con margen, merece la pena apuntarse a uno de sus talleres: son cortos, muy manipulativos y se llenan rápido.







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