

Un arenero. Enorme. Bajo techo. Dicho así suena simple y por eso funciona: es de esos sitios que no existían y en cuanto los ves piensas que llevaban toda la vida haciendo falta. 🏖️
La sala entera es arena limpia, con cubos, palas, moldes, excavadoras y cacharros que aguantan el trote. Los niños se descalzan y desaparecen — cavan, entierran, construyen y vuelven a empezar, sin pantallas y sin que nadie les dirija el juego.
Alrededor hay monitoras que proponen actividades cuando la cosa se enfría, y el resto del tiempo dejan hacer, que es exactamente lo que hay que hacer con un arenero.
Es el local hermano del MINIME de la calle Montesa, así que la manera de cuidar el espacio —limpio, ordenado, con los juguetes en su sitio— se repite aquí.

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