

Esta es la ecoaventura de las manos. Toca-toca se recorre a ras de suelo y con permiso para meter los dedos en todo: cortezas rugosas y cortezas lisas, hojas que pinchan y hojas que huelen, semillas, piñas, arena, piedra de río. La idea es sencilla y funciona siempre — reconocer el parque por el tacto y el olfato antes que por el nombre.
El equipo del centro de educación ambiental va montando la ruta con paradas cortas y mucho que manipular, sin que dé tiempo a aburrirse. Es la puerta de entrada perfecta al programa para quien todavía toca todo lo que ve, que a estas edades son todos. 🌿

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